La incertidumbre se cierne ahora sobre los españoles que viven en el Reino Unido, sobre los expatriados británicos que habitan en España y sobre todos los ciudadanos de la Unión Europea en general. El temido Brexit es ya una realidad y ahora se abren diferentes escenarios posibles para el mercado laboral.

Los españoles en el Reino Unido, una vez que ya esté fuera de la Unión Europea, se beneficiarían del hecho de que los británicos decidieran adherirse al Espacio Económico Europeo, lo que permitiría que la libre circulación de trabajadores imperara; así no haría falta ni siquiera un permiso de trabajo para poder laborar en el Reino Unido, y tampoco lo necesitarían los británicos que optasen por venir a trabajar a España. Esta vía, tal vez la más cabal a estas alturas de desastre del Brexit, sería muy positiva para todos.

Pero el Reino Unido también puede abogar por tomar un modelo de vinculación la Unión Europea sustentado en una serie de acuerdos bilaterales; entre estos acuerdos se incluiría el punto de la libre circulación. Así, esta segunda vía sería prácticamente igual de beneficiosa que la primera para los ciudadanos españoles que continúen en el Reino Unido o que decidan emigrar hasta allá.

El panorama en el marco laboral y de flujos de migraciones se complicaría un poco más con la tercera vía que se encuentra sobre la mesa. Londres podría llegar a negociar con la Unión Europea un acuerdo de libre comercio o de asociación, en el que probablemente dejaría fuera el punto de la libre circulación. Esto conllevaría que los españoles necesitarán un visado y un permiso de trabajo muy concreto que les acreditara como profesionales españoles con el deseo de ir a trabajar al Reino Unido.

En cualquier caso, mucha es la incertidumbre que reina en estos momentos, por lo que no hay que lanzar las campanas al vuelo en ningún sentido. Tal vez el Brexit no acabe siendo tan perjudicial para los trabajadores españoles como en un principio parecía.